martes, 15 de marzo de 2011

La ciencia frente a sí misma

Una noción de ciencia que utilizo con alguna frecuencia es la que desliza el biólogo y epistemólogo chileno Francisco Varela (1998:13): “la ciencia (...) [es] el conjunto de científicos que definen qué debe ser la ciencia”. Esta noción se comprende ubicándola sobre el fondo de las tendencias construccionistas, contextualizadoras y relativistas que pugnan por dialogar y posicionarse en el debate epistemológico y político, al menos desde la década de los ‘60 hasta nuestros días. Estas tendencias, forman parte del elenco que generó la “reacción antipositivista” inaugurada por Thomas S. Kuhn, Paul K. Feyerabend, Stephen Toulmin y Willard Quine (García et al., 2001:15).
El talón de Aquiles de la noción empleada por Varela, desde el punto de vista del enfoque CTS(2), se encuentra –a mi juicio– en que la conceptualización de la ciencia no debe reducirse exclusivamente a lo que las comunidades de científicos pueden decir de ella. Deberían incorporarse, además, las visiones que “desde fuera” se construyen sobre la ciencia (sus prácticas y sus agentes). La imagen de la ciencia que produce la sociedad se concebiría como un espectro culturalmente situado de representaciones varias, aunque heurísticamente se pudiera realizar un ejercicio de jerarquía conceptual, el cual sería, asimismo, una construcción localizada culturalmente.
Defiendo la creencia de que hoy nos encontramos en medio (y frente) a la preocupación intelectual y política sobre una revaluación de la interacción entre ciencia y sociedad. Un paso nada desdeñable sería generar ideas-fuerza que conduzcan a reconstruir nociones más robustas de ciencia que integren la multiplicidad de puntos de vista y prácticas que la constituyen. Para ello habría que someter a un profundo escrutinio algunas dicotomías que hoy resuelven menos cuestiones de las que en algún momento pretendieron solucionar. Por ejemplo, la estructuración en bloques científicos inconmensurables (ciencias naturales/ciencias sociales y humanas), o en ciencias básicas y aplicadas, el internalismo y el externalismo como estrategias de reconstrucción de la historia de la ciencia o de sus problemas, ciencias duras/ciencias blandas, etc. Lo anterior se debe en mucho a una acendrada concepción tradicional de la ciencia que se desarrolló desde el empirismo clásico del s. XVII y que ha llegado a constituirse en una suerte de sentido común académico, constatable en la forma de organizar los saberes en escuelas, universidades y centros de investigación, en libros de textos y otros recursos pedagógicos, y reproducida por los agentes profesionales de la socialización institucionalizada.
La trama argumental del capítulo “¿Qué es la ciencia?”, ofrece un itinerario histórico de cómo se gestó y caracterizó dicha concepción heredada de la ciencia, cómo fue erosionando sus cimientos desde el “giro lógico” desarrollado por el “Círculo de Viena”, la falsabilidad de hipótesis y teorías del empirismo crítico de Karl Popper y la irrupción del historicismo en las versiones de Lakatos y Kuhn (este último constituyó un punto de inflexión para dar la entrada a la reacción antipositivista, a partir de su énfasis en la importancia de los procesos consensuales y los contextos comunitarios relevantes para explicar la producción cognitiva en las ciencias). Continuó este itinerario con la incursión de la perspectiva sociológica del “Strong Program” de la sociología del conocimiento, desarrollado por David Bloor, cuyo aporte central fue dotar a la sociología de la de capacidad de reclamar que su presencia en los estudios de la ciencia no podía reducirse a una disquisición sobre los condicionamientos sociales como un epifenómeno ajeno a la lógica del descubrimiento científico (los principios 1 y 3 del Programa constituyen la clave para constatar dicho aporte). Inspirados en el programa de Bloor proliferaron una variedad de corrientes y posturas, algunas de las cuales reseño más adelante en los cuadros sinópticos y en el grafo 2.
La última parte del artículo incluye una revisión sobre los nuevos enfoques sobre la ciencia que profundizan en los nexos entre ciencia y sociedad, a partir de las reflexiones sobre la “transciencia” y la “ciencia reguladora”. A continuación me interesa abordar desde una lectura levemente distinta un recorrido por la configuración de los estudios sociales de ciencia y tecnología.

3. Campos emergentes y transdisciplinaridad: saberes convencionales e intersticiales

La transdisciplinaridad es una situación cada vez más frecuente en las ciencias. Esta situación arroja luz sobre cómo se configuran algunos de los campos de saber emergentes y cómo podría irse articulando un nuevo mapa científico del mundo, muy distinto al que se conformó a lo largo del siglo XIX y primera mitad del XX.
Entiendo por transdisciplinaridad –a diferencia de la interdisciplinaridad y la multidisciplinaridad(3)– aquellos procesos de formación de campos del saber que se constituyen por el entrecruzamiento de varias disciplinas (o fragmentos de ellas), creando en los intersticios de los saberes convencionales “zonas de nadie” que rápidamente reclaman para sí un estatuto epistemológico propio y original, obligando a reconfigurar campos ya existentes y/o a generar metacampos cognitivos que engloben perspectivas disciplinarias diversas, e incluso en más de un sentido inconmensurables entre sí.
Seguiré algunas ideas del modelo de interpretación propuesto por Mattei Dogan y Robert Phare (1991) para dar cuenta de la innovación en las ciencias sociales (Giménez 1995:195-196). Éstas transitan de la fase fundacional a la de expansión, ocurriendo la “paradoja de la densidad”, la cual conduce a la fase de especialización, cuya característica fundamental es la fragmentación en numerosas disciplinas y subdisciplinas y los consiguientes efectos de crecimiento exponencial y saturación de ciertos campos, problemas y tramas argumentales para abordarlos; sucediendo que un buen número de especialistas y profesionales suele desplazarse hacia los linderos de las disciplinas convencionales, arrastrando consigo temas, problemas, estilos de investigación y razonamiento científico y arsenales de instrumentos y dispositivos metodológicos de indagación, buscando en el proceso conformar nuevas visiones de viejos temas y generando entrecruzamientos de intereses, procedimientos de trabajo y argumentales. Estos procesos se han denominado hibridación:
Implica la recomposición coherente de dos o más ‘fragmentos’ de disciplinas diferentes, aunque emparentadas entre sí, mediante la difusión de conceptos, teorías, paradigmas o métodos de una disciplina a otra, con absoluta falta de respeto a todas las fronteras, sean éstas disciplinarias, de facultades, de departamentos, de ‘campus’ o de tradiciones nacionales (Giménez, 1995:196)
Los epistemólogos franceses sugieren que es en estos posicionamientos en las fronteras de las disciplinas tradicionales, en estas “zonas de nadie”, donde se está comenzando a concentrar el potencial innovador de las ciencias sociales en al menos la última década. Como afirma Giménez: “la probabilidad de innovación en las ciencias sociales depende cada vez menos de las investigaciones monodisciplinarias y cada vez más de las hibridizadas” (ídem).
En las ciencias sociales y las humanidades, el caso paradigmático y notoriamente escurridizo para ilustrar estas tendencias a la hibridación lo conforman los llamados cultural studies(estudios culturales) –que aquí no desarrollaré– y los llamados estudios sociales de la ciencia y la tecnología.

4. Ciencia y tecnología. Constitución del campo: paradigmas, programa y temáticas

En los últimos años –desde 1987(4), si es posible establecer una fecha–, los intereses de varias disciplinas tradicionales (antropología, historia, sociología, psicología social, filosofía de la ciencia, ciencias cognitivas, comunicación; véase grafo 1) convergieron en apreciar en los fenómenos tecnológicos un campo que demandaba un tratamiento autónomo y único, es decir, válido en sí mismo, creándose programas nacionales o institucionales de investigación (caso de Estados Unidos de América, España, Alemania, Inglaterra, Japón, Francia, México, Argentina, Cuba, India, entre otros) que recibieron el nombre genérico de estudios de Ciencia, Tecnología y Sociedad (CTS).
Para desarrollar este ejercicio de evaluación elijo los apartados 1 (“¿Qué es la ciencia?”) y 4 (“¿Qué es ciencia, tecnología y sociedad?”). Las razones oscilan entre el interés personal y la fase en que se encuentra mi proyecto académico que consiste en articular un programa de investigación y docencia sobre estudios sociales de ciencia y tecnología bajo el enfoque «ciencia, tecnología, sociedad» (CTS) en el sureste de México, específicamente en la universidad estatal de Tabasco y en El Colegio de la Frontera Sur, centro de investigación y educación de postgrado que se caracteriza por una constitución y práctica autodenominada interdisciplinaria y con explícitos propósitos de vinculación social, inscrito en una región del país con graves problemas de marginación y de rezagos educacionales y científico-técnicos.
El propósito general del escrito es ofrecer un panorama, incluyendo algunas reflexiones, sobre la conformación del campo de los estudios sociales de ciencia y tecnología. Propongo conducir esta revisión a partir de intentar comprender los entrecruzamientos epistémicos que han dado lugar a este campo de conocimientos a partir del fenómeno de la transversalidad de los saberes, o lo que ha dado en llamarse transdisciplinaridad.
En una primera parte, reviso conceptos y nociones fundamentales de ciencia que se expusieron en el primer capítulo del texto base de este ejercicio. En una segunda parte, me propongo aclarar el carácter de la transdisciplinaridad como proceso que arroja luz sobre lo que acontece cuando se innova en las ciencias sociales y humanas. A continuación, expongo cómo se ha constituido epistemológicamente el campo de los estudios sociales de la ciencia y la tecnología. En ambos tópicos, y en aras de la síntesis, la información se organiza a partir de una serie de cuadros sinópticos y grafos, los cuales persiguen, además, una intención didáctica. Recurrí a otras fuentes bibliohemerográficas como parte de la reconstrucción del itinerario de los estudios sociales de ciencia y tecnología.

Sony Rolly in Motion - Uncut Demonstration 2007 : DigInfo

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